octubre 11, 2006

LA FRONTERA MENTAL

Así como existen fronteras políticas que separan los países; existe también una frontera mental que escinde la conducta de los seres humanos. La frontera física entre Estados Unidos y México por ejemplo, está marcada muy claramente. Aparece donde el agente de migración nos pide los papeles en las garitas de paso. La frontera mental resulta menos elocuente sin dejar de resultar compleja y suele manifestarse cada vez que la cruzamos en uno u otro sentido. En esta no hay Migra uniformado que nos exija papeles; pero sí un Migra cultural que nos obliga a comportarnos de manera diferente.

No hay que salir de México para comenzar a ser gringo, ni vivir en Estados Unidos para dejar de ser mexicanos. Todo depende del vigor y resistencia de la frontera mental que guardamos, algunos en la cartera y otros en el corazón. Para comprobarlo, basta acercarnos a algunos barrios de Chicago o Los Angeles o a las colonias popoff de nuestras grandes ciudades. En pocos sitios he visto mas gringos-mentales que en Polanco o Las Lomas o en el municipio de Garza García en Monterrey.

El doctor Jeckyl y Mister Hyde, protagonistas de la famosa novela de Roberto Luis Stevenson, metaforizan, o tal vez parodian, la delicada frontera entre el bien y el mal que arraiga en el alma de todos. El texto también advierte acerca de lo sencillo que resulta amanecer de un lado y anochecer del otro. Como todos sabemos, el doctor Jeckyl inventa una pócima que al ser ingerida convierte a un hombre bueno en un malvado mientras dura el efecto del brebaje. Una vez diluido éste, el malvado mister Hyde desaparece para dejar sitio al bondadoso señor Jeckyl. El personaje, único y doble al mismo tiempo, cruza vertiginosamente de la luz a la oscuridad o, en términos de Sarmiento, de la civilización a la barbarie.

La frontera que separa a Ciudad Juárez de El Paso hace las veces de esta pócima en muchos viajeros y su efecto resulta muy evidente. Basta cruzar a pie o en automóvil por alguno de los puentes en cualquiera de sus sentidos, para experimentar los efectos, malignos o benéficos de la pócima. El complaciente y respetuoso Mister Jeckyl, se convierte en el atrabiliario y prepotente Señor Hyde o viceversa, simplemente porque ha cruzado una línea que lo coloca del Otro Lado. A veces es un Lado que respetan. A veces es un Lado que desprecian por oscuras o luminosas razones.

Para los gringos, cruzar a Juárez los fines de semana implica atropellar buena parte de las normas civiles y personales que respetan y hacen respetar en Su Lado. Los gringuitos arriban al Otro Lado para beber alcohol, cruzarse los altos, insultar a la autoridad y representar el papel de villano de película. Acá, de este lado, se puede hacer lo que allá ni se atreverían siquiera a considerar. He visto jovencitos ofrecer dinero al policía por el simple gusto de verlo aceptar el soborno. Una manera de probar la supuesta superioridad de una cultura demostrando con hechos que, del Otro Lado, todo se compra con dinero. Horas después, alcoholizados, divertidos del alma y maltrechos de cuerpo, regresaran al lado que los vio nacer para iniciar una semana reglamentada por la iglesia, el estudio, la vocación al trabajo y la seguridad de un futuro promisorio a cargo de cualquier reelección presidencial. Han comprobado que el mal, la oscuridad, el subdesarrollo, sólo existe del Otro Lado.

Con muchos mexicanos ocurre una transformación parecida, aunque a la inversa. Una vez aceptados por el Migra en el país de las oportunidades y los sueños de la vigilia, el ciudadano o ciudadana que dejó atrás tres semáforos en rojo, atropelló a mentadas de madre a un tarahumara y arrojó a la calle tres pañales olorosos a niño bien nutrido, sonríe ahora al mundo, aminora la velocidad, cede el paso a los peatones, conserva con celo maternal los pañales usados hasta encontrar el bote de basura. En pocas palabras, ejerce con aplomo y orgullo el principio civil de que existen derechos además de los suyos.

Por desgracia el cambio dura lo que tardan en cruzar de vuelta la frontera mental. Una vez en su Lado, la pócima bienhechora queda anulada por su antídoto y todo vuelve a ser como era antes. La frontera levanta sus puentes, cierra sus puntos de cruce, y la obligación de honrar a México dentro y fuera de sus fronteras, nos bendice a todos con la languidez del olvido.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Estoy nuevamente escribiendo sobre las "Escrituras del yo", existe un montón de teóricos y de teorías al respecto; como siempre, confío más en los escritores, bajo la premisa simple de que para qué pregunto sobre la teoría de la silla si le puedo preguntar al carpintero. Ahora bien, puedo "adivinar" la verdad de las mentiras autobiográficas en tus obras, pero me gustaría conocer tu opinión al respecto (¿Qué es una autoficción?) y, cuál sería la novela que más elementos autobiográficos contiene.
Felicidades por puño y letra, o la evidencia de que tu y nadie más que tú la escribiste...para no esperar 15 años y escribir las segundas partes de todas ellas.

Gracias!

viernes, julio 07, 2017  

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