octubre 03, 2006

AQUI EL PASO: LA TERCERA ORILLA

Cuando llegué a Ciudad Juárez procedente de Veracruz, un amigo me preguntó qué se sentía vivir junto al mar. Como no supe qué contestar tuve que responderle con otra pregunta: ¿Qué se siente vivir en la frontera, junto al país más poderoso del mundo?
Porque vivir junto al mar o en el desierto, en una frontera que se extiende a lo largo de tres mil kilómetros, obliga a sentir muchas cosas. Una de ellas, la dificultad de resumir las emociones y sentimientos de vivir en la Línea, como también le dicen. Justo donde empieza, o termina, según se vea, ese concepto tan geográfico como psicológico llamado El Otro Lado.

Para un mexicano que nació y creció en el verdor de la costa veracruzana, junto al mar, los ríos y los aguaceros de mi tierra, la Frontera era un concepto distante, desértico, ajeno y sobre todo, muy mal entendido. En mi pueblo, Irse al otro lado significaba morirse o, en el mejor de los casos, asumir preferencias sexuales poco convencionales. Ser o Irse pal otro lado, implicaba muchas cosas que poco tenían que ver con trabajar o fayuquear o turistear al Norte de la frontera. Pero los tiempos cambian y ahora, viviendo de paso en El Paso, el recuerdo de esa primera pregunta formulada por un viejo habitante de la frontera, me sugirió la idea de compartir con mis deciseis lectores, algunas reflexiones acerca de esa categoría conocida como El Otro Lado.

Paso del Norte dejó de ser solamente un paso cuando el Río Bravo se convirtió en frontera. Esto ocurrió en 1848, a exigencia de los Tratados de Guadalupe-Hidalgo cuya firma legitimó la cesión a Estados Unidos de los vastísimos territorios ubicados al norte del río. Más tarde, en 1888, ocurrió otra concesión. Paso del Norte regaló su nombre a la población que crecía vertiginosamente en la orilla tejana del río Bravo. Sin dejar de ser la misma, Paso del Norte se convirtió en Ciudad Juárez, como desde entonces la conocemos.

Con el tiempo y la migración, la zona se fue volviendo cada vez menos paso y cada vez más frontera. A cambio de ello, el tajo que la política primero expansionista y luego reduccionista de Estados Unidos abrió en una población que había crecido como una sola en ambos lados del río, impuso en la mentalidad de los habitantes del binomio Ciudad Juárez-El Paso, una de sus características más significativas: la certidumbre de que si bien en términos internacionales el río divide a dos países, a nivel local separa a dos ciudades que crecieron siendo una. Lo cual, visto desde una perspectiva estrictamente doméstica, resulta todavía peor.
Tal vez por eso los ciudadanos de ambos lados de ese domesticado caudal que en su orilla Sur se llama Río Bravo y en su orilla Norte, Río Grande, no pueden referirse a una ciudad sin mencionar la otra. Y es costumbre que todos escriban el nombre del conglomerado que habitan, mediante cuatro palabras reunidas por un guión… Ciudad Juárez-El Paso. El guión representa un puente que une; pero también un límite que separa, debido a que la gramática y el idioma son otra forma de hacer política.

Pero como quiera que se le vea o se le describa, Ciudad Juárez-El Paso, resultan ya tan inseparables como el nombre y el apellido de una familia de la cual muchos vienen a formar parte. Juárez-El Paso si se le aprecia desde el Sur o El Paso-Juárez si se le contempla en sentido opuesto, constituyen, hasta que la frontera los separe, los miembros de una pareja quizás malavenida; pero incapaz de vivir el uno sin el otro. Y como todo matrimonio que se respeta, intercambian piropos cada vez que se acuerdan del conyuge, o solamente reproches, si amanecieron de mal humor ese día.

POSDATA dedicada a mi lector anónimo: el problema del Tercer mundo empieza cuando no se entienden las ironias

3 Comments:

Anonymous Didi said...

Una ciudad pareja peor dispareja entonces, no? Que buenos textos estos ultimos que ha subido usted, la frontera vista desde una experiencia de alguien del sur pues ya es como otra frontera, lastima que no tengamos alguien que nos cuente como la frontera en el sur con Guatemala y que nos lo diga con su misma agudeza. Un saludo.

jueves, octubre 05, 2006  
Blogger nacho said...

L.A.R.:
Buenos textos, nociones y emociones. Creo que las experiencias y las vivencias son distintas dependiendo del entorno, mar, desierto, frontera, metrópoli, interiores... Visiones, olores, costumbres, musicalidad de la lengua, percepción del otro... todo cambia en tablero de los sensores humanos.
Aquí nos vemos. saludos desde Hermosillo.

lunes, octubre 09, 2006  
Blogger elultimoensalir said...

Luis:

En efecto, la estancia en la frontera siempre nos confronta con la presencia del "otro", del que no somos.

En Veracruz, es cierto, también tenemos frontera: una construida de olas, de agua salada, que en su momento también fue paso obligado y que hoy, sin darnos cuenta, ha ido diluyendo su sentido original. Sin duda, en Veracruz puerto estamos varados en una geografía imaginaria.

Saludos.

C.Ventura.

lunes, octubre 09, 2006  

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