septiembre 26, 2006

la frontera

La frontera Ciudad Juárez-El Paso es una de las más transitadas del mundo. Algunos individuos la cruzan en ambas direcciones hasta dos veces al día. Y el trayecto, según se realice, requiere distintas habilidades y también estados de ánimo. No es lo mismo cruzar de norte a sur que a la inversa; porque precisamente en esta frontera comienza no sólo México, sino Latinoamérica entera. O para ser menos precisos, pero definitivamente más científicos: comienza el Tercer Mundo. Por eso, para los juarenses, el concepto de “entrar” y “salir” adquiere características peculiares; una de ellas, la destrucción del principio de que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta.

Precisamente en Ciudad Juárez, el río que baja desde el norte hace una curva y se convierte en frontera hasta el Golfo de México. El caudal se desliza bajo los puentes construidos para quienes tenemos papeles. Sin ellos, hay que mojarse los pies y no tanto la espalda como el despectivo wetback lo exige. La tecnología ha despojado al río del calificativo de Bravo, para convertirlo en un charquito menos caudaloso que cualquier vialidad tropical un día de aguacero. Quienes viven en Jalapa sabrán a lo que me refiero.

Tanto los vados como los agujeros en la malla metólica, lo abrió el cruce diario de quienes van a El Paso y no cuentan u olvidaron los papeles para hacerlo por los puentes. Cumplidas sus oscuras o luminosas diligencias, los mojados cotidianos regresan a dormir a Ciudad Juárez con el dinero ganado, las compras del Super o con lo que hayan ido a buscar al Otro Lado.

Hay cuatro puentes para cruzar el río; pero sólo dos conectan los centros de ambas ciudades. Cada puente tiene su historia, pero resulta más interesante aludir a la de quienes, ya sea a pie o en coche, cruzan el único puente que permite el paso de sur a norte. Y resulta interesante porque, al margen de la forma en que crucen, el puente se vuelve un aula imprescindible para doctorar al ciudadano en la Universidad de la Vida.

Y es que en las horas pasadas en el Puente, detenido en ese espacio intermedio donde México no ha terminado de ser México y Estados Unidos apenas si comienza a serlo, el observador atento aprende más de historia, de psicología y de economía política que un año de universidad pública o tres años de universidad privada. Y esto debido a que la rapidez del cruce hacia Estados Unidos depende de factores tan lejanos como un bombazo en la embajada norteamericana en Tumbuctú, la fuga de un Capo de Almoloya, la aparición de un sujeto con cara de Iraquí en Tapachula, las encuestas de preferencia al voto, o la escasez de municiones para los rifles que disparan pelotas de goma.
Mientras tanto, los fronterizos esperan apretados entre las garitas gringas y el último carro de una cola que se extiende hasta bien entrado el territorio mexicano. Su conductor, que por las horas que vive dentro resulta más bien su inquilino, opta por dos actividades extremas: o bien se desespera y compone con el claxon una sinfonía de mentadas de madre, o se adormila en brazos, no del sueño americano, sino de la pesadilla darwiniana de haber nacido con cola. Porque en la frontera, la cola se reproduce y crece más larga que la de las tortillas en barrio pobre o la del médico familiar en el Seguro Social. Y todo, seguramente, como afirmaría un paranoico consuetudinario, por culpa de un Migra vengativo que acaba de enterarse de que su mujer lo engaña, para acabarla de amolar, con un mexicano.
Y mientras los inquilinos del automóvil esperan, combaten el aburrimiento comprando burritos, cocadas, refrescos, el cuadro de la Virgen de Guadalupe o un portentoso Caballero Aguila en yeso para adornar la sala. Y cuando no ligan o se divorcian o se maquillan o terminan la tarea; o deciden cambiar de oficio, de conyuge, de nacionalidad, de religión o de sexo o practican su concepto de solidaridad cristiana permitiendo el lavado del parabrisas, el desenpolve de la trompa del coche o cooperan con el cieguito, el baldadito, la viejita, el parapléjico que bajo el sol del desierto se gana la vida mediante el oficio de fortalecer el alma del automovilista con la imbatible certidumbre, de que siempre hay alguien más jodido que uno.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Estoy de acuerdo en lo substancial de aquí que resulte dolorosa y absurda la parodia que ahora o desde hace mucho tiempo se juega [para evitar retórica] en el estado de Michoacán: algunos se disfrazan de Migra, otros de mojados ¿alguien correrá con el abuso sexual?
En lo que no estoy de acuerdo, porque no es sólo cuestión de semántica, sino de miradas, es en seguir "científicamente" calificándonos de tercermundistas
Hasta pronto.

lunes, octubre 02, 2006  
Blogger Shangri-la said...

En fecha 2 de octubre de 2006, zarpó de puerto desconocido una embarcación sin bandera que la identifique: SHANGRI-LA. DERIVAS Y FICCIONES APARTE.

martes, octubre 03, 2006  
Anonymous Anónimo said...

NSU - 4efer, 5210 - rulez

viernes, febrero 23, 2007  

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